lunes, 25 de julio de 2011

15 Modernitos



¿Qué demonios están haciendo?
Vamos a salir a rocanrolear. Tú no entiendes, papá, no estás en onda.
Yo sí estaba en onda, pero luego cambiaron la onda; ahora la onda que traigo no es onda, y la onda de onda me parece muy mala onda. ¡Y te va a pasar a ti!
  
Abuelo Simpson.


Hace unos meses, Dov Charney, fundador y dueño de American Apparel, la tienda hipster por excelencia, declaró en la página del San Francisco Gate que lo hipster había llegado a su fin, y que su lugar lo tomaría el preppy como la nueva línea a seguir por la franquicia. Una noticia preocupante porque yo, como el resto del universo, no consigo saber a ciencia cierta qué son los hipsters. Y ahora han muerto. Y también un acontecimiento desolador porque ahora quién tendrá la culpa de todos los movimientos aborrecibles en la ciudad, quiénes crearan esa cosa tan detestable llamada arte contemporáneo —y quiénes sino ellos nos vendrán a reprender por nuestro retraso cultural de no entender qué es eso—, quiénes le mostrarán su apoyo a Sicilia escribiendo poemas en el pavimento, quiénes nos van a concientizar de la lucha indígena en México, quiénes van a protestar que la U de G es para todos (aunque estudien en el ITESO), quiénes regresarán de Playa del Carmen, Buenos Aires, Barcelona y Nueva Zelanda a platicarnos que han colonizado el nuevo mundo; vaya, ¿y ahora quién podrá salvarnos del tedio de la cotidianidad?  

Dado que algunos representantes de lo hipster tienden a cumplir con todo el estereotipo, mientras que otros se apartan del mismo y de vez en vez deciden regresar a el, el convenio es imposible. No existe un acuerdo general de lo que son. Lo que sí hay, y mucho, es toda esta cantidad de gente que explica su existencia a través de las vertientes histórica y social. Ambas son aburridísimas y no generan mas que el incremento de caos en el barullo. La histórica, dicen ellos, intenta atribuirles una presencia en los años sesenta o setenta (no recuerdo bien) como las personas que fracasaron en su intento por ser hipis. La social, dicen ellos, pretende identificarlos por sus rasgos más distinguibles, como la vestimenta, el corte de cabello, la música o los lugares que frecuentan. Y a estas se le sumarían otra sarta de suposiciones igual de inservibles, como que un hipster es a partir de otro hipster más hipster que él, o que son los nuevos emos disfrazados, o que un hipster nunca se asumirá como hipster, o que Jesucristo fue el primer hipster de la historia por andar vagando por ahí predicando con la verdad. Pero ¿eso qué? A mi parecer todas entrañan reduccionismos insultantes. Ninguna de las dos justifica el hecho de que sean tan insoportables, con tanta hambre de protagonismo en cualquier ámbito.

La indeterminación por la que atraviesan —quién sabe si porque ellos quisieron o  porque metieron las manos en tantas cosas donde ya había gente inmiscuida— ha provocado un revoltijo que dificulta otorgarles el reconocimiento que tanto gritan. Es precisamente por el desacuerdo que reina y por la insuficiencia de lo que ya está, lo que le permite a uno entender lo hipster como se le venga en gana. O si no como a uno se le venga en gana sí como le favorezca a su realidad. Por tanta definición chaparra, la vaguedad en torno al tema ha llegado al punto donde es necesaria una única y exclusiva significación de lo hipster que se aparte del sentido común, que rechace toda relación con la historia, que rehúya del status quo como el esclarecimiento del movimiento, que abandone nociones rapiditas como que lo hipster es la suma de sus factores y ya (los lentes, las camisitas a cuadros, los peinados nazis, la música que nadie conoce, sus críticas de arte, sus andanzas por Santa Tere, su perpetua vigilancia por el medio ambiente): lo hipster, hay que decirlo, es una nueva forma de lo irrisorio y lo desdeñable que puede extenderse a cualquier terreno que uno lo desee.

Mucho se me ha invitado a dejarlos en paz, que el hipster es inofensivo. Sí. Pero tampoco habríamos de adoptar una postura acrítica que los deje ser así nomás por nomás, porque ellos gozan el mismo derecho a expresarse que los demás. No me han hecho nada personal salvo hacerle propaganda a sus causas y motivaciones. Alguna vez un grupo de personas detuvo mi paso por la calle. Se negaban a dejarme seguir por mi camino. Cuando les interrogué por sus actos, me dijeron que me estaban haciendo sentir lo que siente un migrante. Otra ocasión, cometí la equivocación de asistir a uno de esos lugares de lectura a micrófono abierto. La primera persona que subió al estrado descalzo dedicó sus poemas a los Raramuri, a quienes llamó sus hermanos; invitó a que no bebiéramos café de Starbucks y que tampoco compráramos nuestros alimentos en Wal Mart. Hace tiempo tuve la mala suerte de conocer a un hombre que se hacía llamar Miguel, así sin apellidos (el ‘,así sin apellidos’ era su apellido, con todo y la coma incluida); recuerdo que estábamos en la fila del banco y era un 14 de Septiembre. Me comentó brevemente que festejaría las fiestas patrias corriendo desnudo y pintado de rosa mexicano por Av. Vallarta, que lo videograbaría todo y lo subiría a Youtube. Días después, vencido por la curiosidad, busqué en la red su espectaculito y ahí estaba, junto a una liga que te mandaba directamente a su página personal donde se exhibía su trabajo como fotógrafo de gente al desnudo y una extraña fascinación por las burbujas. Recientemente, recibí una invitación a la playa por parte de un buen amigo mío. Me compartió que había comprado una máquina de escribir, la más vieja que encontró en el Mercado del Baratillo, que planeaba incomunicarse con el mundo durante dos semanas, escribir una novela corta y enviarla a Anagrama o a Tusquets o a cualquier otra editorial independiente para su publicación. Le dije no gracias, Hemingway. Un profesor de la universidad, aclamado filósofo que presume dos maestrías, tres doctorados y otros cuatro en proceso, publica periódicamente en su muro del facebook breves pensamientos sobre de La Nada, su único tema: ‘Hoy es el mañana por el que te preocupabas ayer.’; ‘No hay tal cosa como la libertad, sólo es nombrar en forma deseable la impotencia; más alto es renunciar a poseerle y encontrar el sentido husmeante de su ausencia.’; a cada uno de ellos le siguen una infinidad de pulgares hacia arriba dándole la razón. En un concierto a beneficencia de la educación, el vocalista del grupo San Pascualito Rey terminó su actuación invitando al público a ‘atacar las bibliotecas, carnalitos, ahí están todas las respuestas. ¡Hay que leer! ¡Hay que leer!’; en fin, todo un caudillo cultural.  En el número del mes de enero de la revista Magis, publicaron un reportaje de un tal ‘El Negro’, activista tapatío de gran empuje; además de andar en una bicicleta sin frenos y preciarse de haber aterrizado a Guadalajara las enseñanzas de Foucault, autor que respalda su luchita  —por mencionar algunas de las cualidades que la revista decidió resaltar en el pie de foto—, ‘El negro’ posa con una playera que lleva impresa el número 39, artículo de la Constitución Mexicana que reza que la soberanía nacional reside esencial y originariamente en su pueblo. Un estudiante presumía su planes veraniegos: viajaría por Sudamérica en motocicleta sin rumbo fijo, sin un peso y sin ninguna expectativa salvo la de atestiguar la calidad de vida de la clase baja en aquellos rumbos. Le inquirí que para tener una probadita de pobreza bastaba darse una vuelta por la colonia Arenales Tapatíos. Molesto, contestó que su aventura no consistía en viajar y trabajar sino en 'traviajar'.  Uno más: dos estudiantes de letras conducen el proyecto ‘CinitoRetedivertido’—y qué decir de los prefijos que acostumbran a ponerles a las palabras: rete, hiper, súper, mega, post, ultra, non…—  los sábados por la noche en un café de la ciudad. Cuando me invitaron a hacer el comentario de una película a proyectarse, mencionaron que el arte era un vehículo para la cultura, por tanto, el cine debía acercarse a la gente de una manera amigable a través de intérpretes. 

Así, pues, toda experiencia hipster linda con la pretensión y termina en lo pedante y antipático. O al revés. Quién sabe. Sobre todo el hipster que puede pasar desapercibido a través de los detectores habituales por contar con la astucia de no disfrazarse. Acaso sean ellos y sus picardías lo que los vuelve chocantes. Sus acciones públicas son un constante recordatorio de lo que a uno no le importa; una sarta de imposiciones que atentan contra los principios de uno, por ejemplo, ése de que salvar al mundo es responsabilidad de cada quien. Los hipsters no soportan la idea de que las causas de uno son otras; ellos lo toman por una indiferencia que debería ser penada; lo entienden así o como una falta de sensibilización: de ahí que siempre estén exhortando a medio mundo a llevar su propio vaso a las fiestas, tu propia jarra a La Michoacana, a conservar una cubeta en tu regadera, a que vayas con ellos a la Sierra Huichola a recolectar café. Me parece que toda divulgación a las revoluciones personales que tenga tintes de imposición y altruismo debe o ampararse en la humildad o mantenerse en silencio o condenarse al olvido, principalmente si uno sospecha que dicha cruzada tiende más a los beneficios del heroísmo que a la generosidad de lo humanitario.  (Y sino, a ver, ¿por qué no van a cristianizar narcos? Ahí sí no le entran.) En ningún momento pierdo de vista que estipular  nuestras causas y motivaciones es una tarea espinosa. He conocido gente que cree que el mundo sería mejor si el gobernador ordenará una exterminación de cucarachas en la ciudad durante la temporada de lluvias. He conocido quien odia a los ciegos. He conocido a personas que son de la opinión de que el entorno estaría mucho mejor si en Guadalajara no hubiera tantos amanerados. He conocido quien recomienda que se debería bailar salsa en las calles, como en Cuba, y todo se solucionaría. Todas ellas premisas no menos atendibles por el hecho de ser aparentes nimiedades, y con una magnitud filantrópica equivalente a ésas producto del sentido común.    

Discrepo con que la idea de que el preppy sea tan sólo una mutación del hipster. A lo sumo heredarán sus malas costumbres de tornar las avenidas en un circo. Los atuendos hipsters irán al clóset, pero la publicidad a sus empresas de seguro la tomará alguien más. Nunca faltará quien ambicione alienarnos a eso de que el corazón del Teletón somos todos, o a gestas literarias, artísticas e intelectuales o básicamente a cualquier causa conmovedora. Entonces, pues, si el hipster ha muerto lo que vemos en la calle son fantasmas. En pos de mantenernos a salvo de las apariciones, la cosa funciona así:    

—Mañana vamos a recibir a David Byrne, vamos a pedalear un rato con él y de ahí le caemos a la reapertura del Roxy, nos vamos a juntar en el puente atolondrado, ¿vas?

—Vete a la verga, pinche modernito. 


15 réplicas a este post:

Feeds Comments
Fernando Romero dijo...

Excelente texto! lo he disfrutado mucho ya hasta lo role en correos y fb
saludos
dejaste tu impermeable el viernes

Anónimo dijo...

Yo creía que tú eras hipster.

Anónimo dijo...

Lalo,

Maricón infeliz, pásame un correo o algo.
Soy yo, tu papá: Fernando.

Besitos,

F.

P.d. El Fer Ramero me pasó esta dirección.

Lachicaqueselapasabaenlabiblioteca dijo...

Loku dijo...

Escribir sobre hipsters es lo de hoy

jezabel dijo...

muy bueno eduardito.

Jude Guzmán dijo...

Toda una verborrea en donde no haz terminado de asentir a la primer idea cuando ya esta llegando otra con la que también compartes el punto de vista. Disfruté mucho leerte, justo hace un rato hablaba con una gran amiga sobre este tema, recordé que Ricardo me había comentado que habías escrito referente a esto. Así que no tardé más en leerte y rolar tu blog por la web.
Contundente.

Edmundo dijo...

En ésta vida, los hipster parecen plagas, ratas, cucarachas, pero la verdad que podemos decir, su cultura, pero...

Elchicoqueselapasabacon-Lachicaqueselapasabaenbiblioteca dijo...

"He conocido quien recomienda que se debería bailar salsa en las calles, como en Cuba, y todo se solucionaría."
Yo también, me fue fuertemente aconsejado.

LOBUKI dijo...

DEBERÍAS ESCRIBIR ALGO SOBRE MIRREYES MI QUERIDO!

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=29M5f-2I-Pk
jaja muy bien!

Ariel Garza Amaya dijo...

Ya super-alo.

miguel(así,sinapellidos) dijo...

Buena tu reflexión... pero... videos a Youtube? Septiembre? Santos demonios Eduardo, mala suerte leer información incorrecta! = )

De todos modos aplaudo tu esfuerzo por tomarme en cuenta. Es lindo saber de personas como tú... ♥.

Excelente trabajo!

LA GALLETA dijo...

Hijin, excelente texto como siempre

Anónimo dijo...

Miguel es puto y se apellida Gómez